La versión moderna de una fábula clásica

por  / lunes, 06 marzo 2017 / Publicado enBlog

La vieja y taimada zorra estaba decepcionada. Durante todo el día había merodeado tristemente por los densos bosques buscando comida, pero no encontró un solo bocado. Además, sentía sed, una sed terrible. Su garganta estaba reseca.

En ese estado de ánimo dio la vuelta a un muro de piedra y se encontró con algo que le pareció casi un milagro. Allí, frente a ella, había un viñedo lleno de racimos de frescas y deliciosas uvas, que sólo esperaban que las comiesen.

La zorra no perdió el tiempo. Corrió, dio un salto y trató de asir la rama más baja, pero no logró alcanzarla. Volvió a saltar, esta vez a una altura algo mayor, y tampoco pudo atrapar con los dientes una sola uva. Cuando fracasó por tercera vez, se sentó por un momento y, con la reseca lengua colgándole, miró las docenas y docenas de ramas que pendían fuera de su alcance.

El espectáculo era insoportable para una zorra famélica, y saltó y volvió a saltar, hasta que sintió mareos. Necesitó mucho tiempo, pero comprendió que las uvas estaban tan fuera de su alcance… como las estrellas del cielo. Y no le quedó más recurso que retirarse.

¿Quién necesita esas viejas uvas agusanadas?, se dijo a sí misma. Están verdes…, sí, eso es lo que pasa. ¡Verdes! Por nada del mundo las comería.

Un cuervo que había estado observando la escena desde una rama próxima comenzó a reír, y entre risas le gritó: ¡Si te dieran un racimo, veríamos si en verdad las uvas te parecían verdes!

Si toda fábula tiene una moraleja, seguramente la de esta sea que no hay que despreciar aquello que no hemos conseguido simplemente porque nos parece inalcanzable. Y que no hay que abandonar la lucha de lo que anhelamos tener; en continuar luchando cada momento ya hay una victoria. El resultado final es muy importante, pero no es lo único que cuenta.

Esta historia es atribuida a Ésopo, del que dicen que vivió alrededor del 600 a.c., y tiene su continuación en pleno s. XXI…

En Sant Sadurní D´Anoia, en los viñedos pertenecientes a Celler Credo (D.O. Penedés), durante los controles de maduración de la uva en julio de 2012, los viticultores se encontraron con una zorrita en las viñas. Joven, avispada, inquieta, intrépida y traviesa, se quedó ensimismada con el fruto de la uva. Atrapada por los aromas de la Xarel.lo, parecía adivinar el resultado final del proceso que estaba presenciando; unos vinos de gran calidad, elaborados según los principios de la agricultura ecológica y biodinámica. Trabajados con lías, macerados con las pieles o los raspones, sin añadir sulfitos…

Durante 3 días consecutivos, la zorra fue vista entre las cepas, ganándose el nombre de Miranius, que significa literalmente “quien mira nidos”, es decir, alguien que anda distraído, en su mundo, viviendo un sueño. Miranius es hoy uno de los primeros vinos biodinámicos de la D.O. Penedés, y nuestra zorrita es su protagonista absoluta. Tanto que finalmente acabó adornando su botella en la etiqueta.

Otra de las marcas de Celler Credo es Estrany (extraño en catalán); lo que ofrece algo inexplicable y que incita a la curiosidad… ¿Era extraño el vino de nuestros abuelos? Estrany recupera una manera ancestral de elaborar, de cuando el vino se maceraba con la piel de la uva. Se trata de un trabajo con las pieles llevado al límite y que tiene como objetivo mostrar la variedad xarel·lo sin concesiones y con total franqueza, profundidad y ruda elegancia. El resultado es un vino blanco ecológico y biodinámico que nos remite a los aromas del pasado.

Celler Credo es una bodega independiente pero que pertenece a Cavas Recaredo, siendo la apuesta y compromiso de esta última por elaborar vinos blancos de terruño. Sin fertilizantes químicos, ni pesticidas ni herbicidas. Vinos que se sinceran y se erigen en cronistas de una historia sensorial sin  artificios, genuina. Es un diálogo entre el hombre, la variedad y la tierra; un diálogo con mucho que decir y nada que ocultar.

Recaredo era el nombre del primer rey visigodo en convertirse al cristianismo, ¿pero qué tiene que ver el rey visigodo con la fundación de esta mítica casa de cava situada en Sant Sadurní d’Anoia?

El padre del fundador de las cavas se llamaba Lleó (nacido en 1878), y fue llamado así por deseo de su madre, ya que en aquel momento el Papa de Roma era León XIII. Ahora bien, el nombre no acababa de convencer a su padre, quien pronto empezó a llamarle Recaredo. En Sant Sadurní d’Anoia, donde Recaredo trabajaba como artesano ceramista, todos lo conocían por el sobrenombre… Cuando en 1924, su hijo Josep Mata Capellades decidió fundar la cava, optó por Recaredo en honor a su padre.

Cavas con elaboración únicamente de añada, exclusivamente Brut Nature (totalmente secos), de vinificación, elaboración y crianza 100% propia y degüelle natural sin congelar el cuello de la botella. Un nombre de rey para uno de los reyes del país de los cavas.

 

SUBIR