¿Te canto un vino?

por  / jueves, 26 enero 2017 / Publicado enBlog

No existen las casualidades. Pasan años sin escuchar una canción y de repente empiezas a escucharla en varios sitios, piensas en alguien y aparece en tu vida, sueñas con algo y lo vives a la mañana siguiente. En alguna entrevista a Paul McCartney leí su narración de cómo nació Yesterday; durante un sueño la melodía de este tema empezó a sonar en su cabeza. Todavía medio dormido, pero sin poder dejar de tararear las notas que había soñado, se levantó y escribió una canción, sólo con el objetivo de conservar la idea original. De esta semilla nació Yesterday, uno de los más grandes temas musicales de la historia. Y no fue casualidad, no puede serlo.

Jesús y Elena no se conocen por casualidad, se conocen porque la vida les había destinado a estar juntos. Jesús con dos pasiones; el vino y la música. Elena, sólo de momento, compartiendo pasión por la música, y deseando compartir el amor al vino. Y casi 20 años atrás empieza el cortejo, y el noviazgo, y las citas, y las cenas… Y en una de ellas, hablando de música, llegan al restaurante escuchando en la radio del coche “Highway to Hell”, de AC/DC…

Leaving easy, leaving free. Viviendo fácil, viviendo libre. Entran al restaurante para comenzar la cena. Season ticket on a one-way ride. Billete de ida en una sola dirección. El sumiller les ofrece un vino nuevo, diferente, agradable, que les sorprenderá, un Ribera del Duero que poco a poco está ganando fama y premios (sí, ese mismo que estás pensando). Don´t need reason, don´t need rhyme. No necesito razones, no necesito versos. Y Jesús, empieza a hablar de vinos, y de tanicidades, y de fermentaciones malolácticas, y de polifenoles… Y un filete que se enfría, y una mujer que se aburre… Y un enamorado que se percata y al que se le ocurre comparar el vino que están probando con la canción que acaban de escuchar… I´m on the way to the promised land. Estoy en el camino a la tierra prometida… Y una mujer que se da cuenta de que empieza a gustarle este mundo, que así sí, que ahora sí, que ya no sólo comparte pasión por la música,  que el vino ya forma parte de su vida…

Desde este momento, Elena y Jesús han comparado todos y cada uno de los vinos que han probado, con una canción. Cada vino que ha pasado por sus manos (y en casi 20 años, seguro que han sido muchísimos) está asociado a un tema musical; prueban, catan, sienten,… y deciden cual es la canción que “marida” con ese vino. No sé me ocurre una forma mejor de compartir el amor; por la música, por el vino y el mutuo que se sienten.

Y no es casualidad, las casualidades no existen. Highway to hell, autopista al infierno, la canción con qué comenzó todo… les ha llevado al infierno…

Jesús es aficionado al vino desde siempre, sí, pero Ingeniero Técnico Industrial con una larga y consolidada carrera en este ámbito. En un momento dado, y después de cursar estudios en enología (por hobby), visitar bodegas, ir a catas, ferias… decide dar un vuelco a su vida y dedicarse a lo que realmente le apasiona. Como él mismo dice, “se lía la manta a la cabeza”, y en 2011 comienza a dedicarse en exclusiva a su propia bodega.

El nombre de la bodega es La Casa Maguila, que se alza en unos terrenos adquiridos por la familia en 2008. La finca en cuestión se llama… “Teso El Infierno”. No es casualidad, no existen. Aquella noche, Elena y Jesús tomaron un camino, una autopista que les llevaba al infierno, “Teso El Infierno”, su futuro proyecto, su futuro hogar, su paraíso.

El curioso nombre de la bodega es un homenaje de Jesús a su bisabuelo y siguientes ascendientes. Los Peña (Jesús Peña), desde el citado bisabuelo, siempre han sido los Maguila en el cacereño pueblo del que son originarios. Allí, el bisabuelo Maguila, el precursor del espíritu empresarial de Jesús, elaboraba vinos, gaseosa, gestionaba el cine del pueblo, una sala de baile… Para sus habitantes, realizar cualquier actividad era “ir a La Casa Maguila”. Heredando el ADN inquieto y empresarial de su bisabuelo, Jesús funda esta bodega donde concentra toda su ilusión y amor por el vino. Y por la música. Y por Elena.

Habiendo usado títulos musicales, desde siempre, para describir las profundas sensaciones y emociones que les produce el vino, no es de extrañar que sus creaciones enológicas tengan nombres de canciones. En este caso de boleros, y no precisamente porque nuestro matrimonio sea seguidor de forma especial de este tipo de música.

Cuando llega el momento de poner nombre a su primer vino, el padre de Jesús se encuentra en estado delicado de salud. Y decide hacerle un homenaje a su padre; mecánico desde siempre, nuestro protagonista rememora el que para él era el momento de cada día, el momento en que, antes de acostarse, su madre le dejaba bajar un ratito al taller para despedirse de su padre hasta el día siguiente. No le dejaban ir allí nunca, sólo un momentito antes de acostarse cada noche. Con 6 años, el pequeño Jesús no comprendía el por qué no podía pasar más tiempo allí, ni con 8, ni con 10… con 12 empezó a intuirlo. A lo mejor con 14 lo tuvo claro… ya no le llamaba tanto la atención las herramientas, los coches, la mecánica… era más partidario de mirar esas fotos en la pared; de Samantha Fox, de Sabrina… ¿donde se habían dejado la parte de arriba del bikini?

Y siempre, siempre, siempre, ese padre que salía de debajo de un camión, con las manos y la cara manchadas de grasa, dispuesto a dar las buenas noches a su hijo. Y de fondo… música de boleros.

Cachito, cachito, cachito mío. Pedazo de cielo que Dios me dio. Te miro, te miro, y al fin bendigo. Bendigo la suerte de ser tu amor. Una letra fácil, directa, alegre, optimista… como su vino, como Cachito Mío, que así se llama la primera creación de La Casa Maguila. La canción que redondea una historia de familia, de música, de amor y de vino. Y coronada con una etiqueta que evoca aquellos calendarios que adornaban el taller de papá, con elegancia, con estilo “pin-up”, todo curvas, desde los labios hasta los tobillos, de cintura estrecha y piernas infinitas. Un “chaval travieso” como lo define Jesús.

Después de la espectacular acogida de Cachito Mío, la familia decide elaborar y sacar al mercado una segunda marca. Y por supuesto, tenían que seguir “cantando vinos”, buscar un nombre de canción como llevaban haciendo desde que prácticamente se inició esta historia. Y… ¿por qué no otro bolero?… Pintor que pintas con amor ¿por qué desprecias su color si sabes que en el cielo también los quiere Dios? Elaborado con uvas que, sólo un año antes eran vendidas a otras bodegas, y conociendo la calidad de vino que estas viñas podían ofrecer… ¿por qué no acogerlas? ¿por qué despreciarlas? ¿por qué no elaborar otro vino propio con ellas? El Angelito Negro de La Casa Maguila, un vino de gama menor en precio pero no en calidad, por ello sería injusto no considerarlo a la altura de Cachito Mío. Qué también se van al cielo todos los negritos buenos.

Tenía que existir La Casa Maguila. Y Cachito Mío. Y Angelitos Negros. Elena y Jesús nacieron para estar juntos, siempre, no hay otra. Esa autopista les llevaba a “El Infierno”, a su edén. Cuando dos personas nacen para estar juntos, tienen que estar juntos. Y terminar su proyecto. No es casualidad, no existen.

 

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