A su aire

por  / martes, 10 enero 2017 / Publicado enBlog

Para pertenecer a una determinada Denominación de Origen, un vino debe estar elaborado con uvas procedentes de un área de producción delimitada y con sistemas preestablecidos en función de unos determinados parámetros de calidad y tipicidad.

Puede ocurrir que el enólogo responsable de un vino considere que, por las características de alguna uva y añada concreta, el resultado del vino final sea de mejor calidad aplicando alguna práctica (o alguna variedad) no recogida en el reglamento de su D.O. Por ejemplo, en Rioja la reglamentación establece que un crianza debe envejecer por lo menos 24 meses, y de ellos un mínimo de 12 meses en barrica y el resto en botella. Pero puede el enólogo considerar que, para su vino, 12 meses en barrica son demasiados, que lo más adecuado sean 8 meses, y decidir no ceñirse a estas normas, aunque en este caso no puede catalogar y etiquetar su vino como Rioja Crianza. Por este motivo, en los últimos años se ha puesto de moda el concepto de Vino de Autor; el elaborador decide trabajar con “más libertad” apostando por dar a cada vino la crianza que considere más adecuada según la añada y el estilo del resultado final que quiere conseguir, sin tener que corresponderse esta crianza con la legislación que la D.O. de su zona establece.

En el término medio, cumpliendo con todos los parámetros exigidos por el Consejo Regulador de  Rioja, pero saliéndose de lo habitual, de lo acostumbrado, de lo clásico, encontramos un utópico y visionario enólogo llamado Juan Carlos Sancha. Un riojano reconocido en este mundo por su labor como gerente de Viña Ijalba, bodega en la que ya efectuó un espectacular trabajo de recuperación de variedades perdidas, y que desde hace ya varios años dedica su tiempo, su arte y su oficio a un proyecto personal, una quimera casi autóctona como la propia uva riojana.

Ad Libitum, así se llama su preciosa fantasía. Una expresión latina; “a placer”, “a voluntad”… A su aire. Al margen de los excelentísimos y usuales vinos a los que estamos acostumbrados en Rioja. Fuera de lo común, pero dentro de los límites del reglamento. Con uvas autorizadas por la Denominación de Origen, pero prácticamente desconocidas y casi extinguidas. “Si recuperamos las uvas locales podemos innovar desde nuestras raíces”. Innovar no es sólo inventar algo nuevo, también es recuperar el origen, el fundamento, la causa por la que nace todo, si es que ésta estaba prácticamente perdida y olvidada.

Trabajando junto a Fernando Martínez de Toda, catedrático de Viticultura de la Universidad de la Rioja, Juan Carlos Sancha es corresponsable de la recuperación de casi treinta variedades autóctonas perdidas por la erosión genética. Experimenta con ellas para ver sus posibilidades reales de crear vinos de calidad, y actualmente apuesta fuerte por dos variedades en concreto; la Tempranillo Blanco y la Maturana Tinta.

Ad Libitum Tempranillo Blanco, uno de sus vinos, se origina a raíz del hallazgo de una mutación genética de una única cepa de Tempranillo Tinto. Juan Carlos hizo las pruebas pertinentes en el laboratorio, concluyendo en una coincidencia genética del 97% entre ambas variedades hermanas, y confirmando así la mutación. Años después del casual encuentro, tras plantar alguna hectárea de viñedo, y tras la aprobación del Consejo Regulador, el resultado es un vino afrutado en nariz, tremendamente fresco y de acidez perfecta, cuyas sensaciones permanecen largo tiempo en boca. Un vino que invita siempre a repetir.

La Maturana Tinta es una variedad cultivada desde la antigüedad, pero de una forma tan marginal que casi llegó a extinguirse. Ad Libitum Maturana Tinta procede de 17 cepas halladas en un viejo viñedo de Navarrete, y su desarrollo formó parte del proyecto de investigación llevado a cabo junto al mencionado catedrático Fernando Martínez de Toda. Esta uva, de alta concentración, está cuajando en bodegas como Viña Ijalba, Vivanco o Valdemar, y Juan Carlos considera que puede aportar mucho a Rioja en los próximos años.

El tercer vino de la bodega es Peña El Gato. Aunque elaborado con Garnacha,  una uva habitual de la región y del resto del territorio español, el reto del enólogo ha sido recuperar para la producción unos viñedos propiedad de su abuelo y plantados hace casi 100 años, que fructifican en un vino extraordinario y sorprendente, con una magnífica concentración y alta graduación, recompensa de la casi inimaginable baja producción; cada cepa apenas da un racimo.

Una bodega singular, representativa de la actualidad de Rioja, y bandera de la recuperación de un pasado tan glorioso como el presente. Un proyecto original, curioso, casi extravagante, pero romántico, libre y bohemio. Siguiendo las normas, cumpliendo reglamentos, pero haciéndolo a su aire.

SUBIR