… y comieron perdices

por  / sábado, 19 noviembre 2016 / Publicado enBlog

¿Qué sería de un cuento si un final feliz? ¿Qué sería de la hermosa princesa sin un príncipe que matara al dragón? O que con un simple beso de amor la despertara del hechizo al que le había condenado la malvada bruja. O que la rescatara de la torre donde la había encerrado el infame rey.

La princesa Marta vive su cuento de hadas desde hace años. De familia con tradición vitivinícola en la Denominación de Origen Conca de Barberá, en la provincia de Tarragona. Su bisabuelo era enólogo en Montblanc. Se dedicaba a la destilación y comercialización de aguardientes y, más adelante, al asesoramiento en Bodegas y cooperativas. Sus abuelos abandonaron la tradición dedicándose a otros quehaceres. Pero sus padres, más por afición que por negocio, empezaron a plantar viñas a principios de los ochenta. De algún modo latente, los genes habían pasado de padres a hijos hasta llegar a Marta. A pesar de los deseos de sus padres de que estudiara medicina para relevarles en la consulta médica que regentaban, Marta decidió estudiar enología. Allí empezó a vivir su cuento.

En la facultad, conoció a su príncipe; él con 23 años, ella con 19. Ella, como hemos dicho, de nombre Marta, Marta Pedra. Él, de nombre Josep, Josep Serra… ¿Josep Serra? Sí, nuestro Josep Serra, de Bodega La Vinyeta… (protagonista de la anterior entrada en el blog). Definitivamente, una historia de cuento.

Como conté en la historia precedente, sin terminar la carrera Josep inició el proyecto La Vinyeta, volcándose enseguida en esta aventura en el Empordá. Lo que no conté es que no lo hizo sólo, sino en compañía de su entonces novia y actual mujer, Marta, su princesa.

A pesar del esfuerzo y tiempo empleados en esta primera aspiración, las raíces de Marta tiraban con fuerza y era cuestión de tiempo que ocurriera…. En 2010, cuando La Vinyeta ya parecía tomar velocidad de crucero, Marta decidió dar el salto y empezar a elaborar vinos con las viñas de su familia.

Estuvo tiempo buscando un nombre a su bodega sin percatarse que el nombre lo tenía en casa. Su apellido Pedramuro-vins-de-pedra (piedra) era un buen reflejo de su proyecto. Las piedras abundan en las calles de Montblanc, ciudad medieval y capital de la comarca, pero también en sus viñas de arcillas calcáreas. Entre paredes de piedra empezó, en un sótano húmedo y fresco de la muralla de Montblanc. Allí encontró las condiciones naturales óptimas para hacer sus primeros vinos. Allí vio la luz Vins de Pedra, la bodega de Marta.

Su tío, Víctor Pedra, artista reconocido, fue quien dio la imagen. Como si de una exposición de arte se tratara, las etiquetas de los vinos ilustran piezas únicas del artista. Estas cambian de forma, de material y de estilo cada año, siempre representado los símbolos recurrentes de la obra de Víctor.

La figura femenina, desnuda y musculosa, siempre presente en sus piezas, da nombre e imagen al vino tinto llamado La Musa. Se trata de un vino con carácter, complejo y estructurado. Una etiqueta que es una obra de arte para vestir una botella que contiene otra. Pura inspiración, arrebato, iluminación… ahí detrás está la musa. Doy fe de ello…

El pájaro, otro icono del artista, viene representada en el vino blanco L’Orni (raíz griega de pájaro). Se trata de un vino blanco graso y perfumado. Recientemente se ha sumado la primera añada del Trempat, un monovarietal de la variedad del mismo nombre, una uva endémica de la Denominación Conca de Barberá.

Marta y Josep, la princesa y el príncipe del cuento. Y son felices. Y comen perdices.

Etiquetas Vins de Pedra

 

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