Erase una vez…

por  / domingo, 13 noviembre 2016 / Publicado enBlog

… un bisoño estudiante de enología y viticultura, Josep Serra, que en 2002 se atrevió a comprar dos hectáreas de viñedos. Apenas dos hectáreas, casi nada para elaborar vinos a nivel comercial, pero más que suficiente para completar sus estudios teóricos entre semana con las prácticas en viñas propias los sábados y domingos. Empezar a lo grande, con más terrenos, más viñas y mayor producción le sonaba al cuento de la lechera.

Las viñas estaban situadas en Mollet de Perelada, a los pies de la Sierra de Alvera, bajo la Denominación de Origen Empordá, en un paraje donde podría vivir la misma Caperucita, o Hansel y Gretel buscando su casita de chocolate.

Josep compró estas tierras a un viticultor que, cansado de cultivar sus viñas para otras elaboradoras, decidió venderlas. Con su ayuda, y compatibilizando la faena con los estudios, nuestro protagonista comenzó a trabajar para sacar el mayor partido posible a las dos variedades que tenía en cultivo; Samsó y Garnacha, ambas autóctonas de la zona. Despacio, pero sin descanso, como en la tortuga y la liebre; Josep sabía que había un camino que recorrer, y que hacerlo de forma lenta pero persistente le llevaría al éxito, a la meta.

Y como en otro cuento, Josep quiso ser hormiga y no cigarra, y durante 4 años estuvo recogiendo y almacenando práctica, sabiduría y enseñanzas. En 2006, tras estos años de ensayos, Josep Serra decide elaborar vinos de forma profesional, y es entonces cuando construye Bodega La Vinyeta. Un proyecto fuerte y resistente, a largo plazo, firme, con vocación de perdurar en el tiempo… como la casa del más trabajador de los tres cerditos, con base y cimientos sólidos para que nada pueda derribarlo.

Progresando, perfeccionando, descubriendo, creando, innovando…, así Josep está escribiendo su cuento. En realidad, varios cuentos, uno en cada vino que elabora, narrando una historia personal en cada uno de ellos. Con la ayuda de su hermano Lluis, diseñador gráfico profesional y responsable de la imagen divertida, alegre y casi insolente de cada marca. Una historia en cada botella, una travesura de la que el propio nombre de la bodega forma parte, jugando con los términos catalanes para “viña” y “viñeta”.

Los vinos más jóvenes de esta bodega forman parte de la línea Heus, la primera palabra catalana con que empiezan todos los cuentos. “Heus aquí una vegada…”, “Érase una vez…”, blanco, rosado y tinto. Representan, por supuesto, la juventud, pero también significan inicio, el comienzo de una larga historia para mantener un proyecto sostenible. La primera página de un cuento con final feliz, o mejor, de un cuento sin final.

Que continúa con Llavors (Entonces), un vino para recordar. Como si fueran las páginas centrales de un libro, su desarrollo, el nudo de la historia que cuenta. Con toda la frutosidad de la uva y la nobleza de la madera. Cada añada una página, recuerdo del momento vivido, de los pasos dados, del instante, del segundo, del entonces. Y en su etiqueta, fragmentos de periódicos que recuerdan acontecimientos importantes que han sucedido durante la creación del vino.

Vino Llavors

Y culminando el largo camino iniciado por La Vinyeta, Puntiapart. El punto y aparte, el final de un ciclo. El vino más complejo y largo de la bodega, que fue servido en Londres durante la presentación de “El Somni” del Celler de Can Roca. Si Josep Roca, el Pitu, el mejor sumiller del mundo, lo eligió para este evento, ya está todo dicho respecto a su calidad. Con una etiqueta que cambia en cada añada, pero que mantiene siempre la identidad y el concepto de movimiento; al girar la botella sobre sí misma horizontalmente, encuentras una pequeña historia, como un zoótropo.

puntiapart vino

Dos corazones, el de esta bodega y el de este blog, que laten al mismo ritmo. Dos proyectos que comparten objetivo y destino; contar historias a través de los sentidos, beber un libro, contar un vino.

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