Un fantasma entre viñas

por  / martes, 04 octubre 2016 / Publicado enBlog

Bodegas y Viñedos Ladrón de Lunas, es una moderna bodega que elabora vinos con Denominaciones de Origen Utiel-Requena, Valencia y Cava. La idea que germina el inicio de este proyecto aparece en la noche del 21 de marzo de 2004, en una reunión de enólogos y amigos reunidos en torno a una mesa, con buena comida y buen vino. Sin embargo, esta historia comienza mucho antes…

Corría el año 1830 y en Requena vivía un terrateniente llamado Andrés, al que todos llamaban el Marqués, pues su padre lo fue, y aunque el marquesado se lo llevo su hermano mayor Felipe, Andrés heredo una gran finca en la que vivían no menos de cinco familias dedicadas a la viña. Andrés tenía un hijo llamado Nicolás, que rondaba los 17 años y andaba loco detrás de una moza, la hija del alcalde del pueblo, de tendencias políticas opuestas a las del Marqués, por lo que el padre le había prohibido verla.

No era Nicolás hombre de temple conformista, sino que le gustaba salirse con la suya, por lo que, enfundado con una capa para que no le reconocieran, salía en las noches cerradas por las desiertas y oscuras calles de la villa a visitar a su amada.  Como quiera que algún vecino le viera pasar, se corrió la voz de que las noches en las que no había luna se aparecía un fantasma a robar el alma al desdichado que saliese de su casa.

Quiso el azar que por aquella época anduvieran a la gresca el Marqués y su hijo por unos asuntos de tierras, pues el Marqués vendía toda su cosecha a un bodeguero que elaboraba grandes cantidades de vino, y Nicolás pensaba que debían de ser ellos quienes lo elaborasen directamente. Entre sus muchas virtudes, Nicolás era un amante de la viña y había cursado estudios de enología, yendo desde hacía tres veranos a Burdeos para aprender todos los secretos del vino en un famoso chateau. El joven estaba convencido de poder aplicar todo su conocimiento sobre sus viñedos, mejorando la calidad de la uva, pero su padre seguía empeñado en vender toda la producción, que acababa mezclada con grandes cantidades de otras uvas para conseguir un vino ramplón y corriente. Debido a esto, con la seguridad de que elaborando la uva que sus campos producían conseguiría un vino que sería la envidia de toda la región, Nicolás tomó una decisión…botella ladrón de vinos

Nuestro protagonista excavó en tierra, bajo su propia casa, una bodega en la que elaborar, oculto a los ojos del mundo, su propio vino.  El espinoso tema de la  recolección de uva lo solventó vendimiando las noches sin luna (en las que nadie se atrevía a salir por miedo al fantasma que robaba almas) los mejores campos de su padre.

El terror se apoderó del populacho y del fantasma de las noches sin luna, se paso al fantasma ladrón, al fantasma ladrón de lunas. El alcalde mandó un bando en el que se recompensaría al que diese con el ladrón, fuese etéreo o no, y el Marqués, que no soportaba ser la victima de todos los robos, y convencido de que era un ardid del alcalde para mofarse a sus expensas, organizo una batida con los hombres de su casa, que equipados con trabucos se aposentaron una noche sin luna en una esquina llamada del ángel.

Muy feliz se las prometía Nicolás esa noche, pues Elvira, que así se llamaba la hija del alcalde, le había prometido el ansiado beso que tanto tiempo le andaba rogando, así que enfundado en su capa dejó la bodega bien cerrada, orgulloso del vino que había probado, y con ese dulzor aún en la boca giro la esquina que encaraba a la calle del ángel… Allí le estaban esperando, y allí fue abatido por los hombres de su propio padre.

Al Marqués se le partió el corazón cuando le trajeron la noticia. No salió del claustro de su cuarto salvo para las exequias y el funeral, donde pudo ver a todo el pueblo, con caras compungidas. También vio a Elvira destrozada, pero su corazón ya no sentía calor, era un ser vivo pero solamente por qué aun respiraba; nada le incentivaba ya, nada le ataba a la vida.

Al cabo de veinte días le informaron del descubrimiento de una bodega excavada en lo profundo de una cueva, bajo el suelo de la casa de su hijo, y por primera vez sintió que por sus venas circulaba sangre. Movido por la curiosidad rompió su retiro y acudió a verla. Era un hueco más grande que una habitación escavado en tierra, y sobre un suelo de baldosas circundaban doce tinajas de barro de dos metros de altura, dentro de las cuales probo el mejor vino que nunca imaginó. Desde entonces prometió seguir vendimiando sus campos las noches sin luna, y elaborar él mismo la uva así recogida.

Durante cinco generaciones así se ha hecho, llamando al vino así obtenido como llamaron a su creador, el hijo del Marqués, Nicolás, el fantasma, el Ladrón de Lunas.

 

enologo-ladron-de-lunas

SUBIR