Las 6 fases en que me enamoró el vino

por  / lunes, 20 octubre 2014 / Publicado enSin categoría

Hoy lunes es día de nueva entrada en este blog. Sin embargo, con este quinto post voy a romper la dinámica establecida de comentar aspectos y vinos de las bodegas que han participado con sus historias en mi libro (¿Te cuento un vino?). Muchos ya conocéis la esencia de esta mi primera publicación, pero si esta lectura que estás realizando es la primera noticia que tienes de ¿Te cuento un vino?, sólo te diré que es un libro diferente que aborda el vino desde su lado humano, tratando de contar historias reales acontecidas en el proceso de creación de bodegas y vinos. Mi único objetivo es “humanizar” un mundo muy sencillo que poco a poco hemos ido complicando con tecnicismos, procesos y vocabulario profesional.

Enrique López ¿Te cuento un vino?A pocos días de que la editorial termine su maquetación e impresión y salga a la venta, para celebrar la buena acogida que estáis dando a este blog y la expectación que está generando el libro, y teniendo en cuenta que esta semana que hoy empieza es una semana de recuerdos y aniversario de uno de esos momentos que te cambia la vida… Me apetece en esta entrada no hacer ninguna referencia a bodegas, sino explicar y transmitir como el universo del vino me cambió la vida, me dio otra oportunidad de ser feliz y me enseñó cuales son las cosas esenciales para conseguirlo.

Como el amor de tu vida, el único, el original, el que no tiene tiempo ni condiciones, así me enamoró el vino…

  • “Me gustas”. ¿Recuerdas tus 16 años? La viste, la miraste durante un buen rato, su manera de reír, su movimiento de pelo, su andar, esa camiseta que le sienta especialmente bien… Ya la conocías, ya te había llamado la atención, ya hablabas con ella, pero hay un día en el que (por la razón que sea), y sin ser consciente, algo nace dentro de ti. Y empieza a crecer, lentamente pero sin parar. Al tiempo te das cuenta; esa chica te gusta, te gusta de verdad, y esa verdad es diferente al resto de sentimientos que hubieras podido tener antes. Ahora es en serio; prefieres estar con ella que con tus amigos, todas las camisetas le sientan especialmente bien, que más da como hayan quedado el Madrid y el Barça este fin de semana… es lunes y vas a volver a verla. Sí, te gusta. No sabes donde estarás dentro de 5, 10 o 15 años, pero sabes que es ella…

Así lo hizo el vino conmigo. Aunque después de 5, 10 y 15 años de salir del instituto estaba totalmente alejado profesionalmente de nada que tuviera que ver con la enología (es más, estaba totalmente alejado de nada que tuviera que ver con cualquier cosa artística, romántica y de la naturaleza), este mundo ya me había visto y me había guiñado el ojo. Ya había decidido que yo le gustaba, que nos gustábamos, que (si era necesario) me dejaría marchar y equivocarme porque con el tiempo estaríamos juntos. Y yo también lo sabía, ahora sé que siempre lo supe. Estas cosas siempre se saben.

  • “Vete”. Pero el instituto acaba, y en ocasiones los caminos se separan. Diferentes universidades, a lo mejor un cambio de ciudad, distintas inquietudes… Los “primeros veinte” son años difíciles, rápidos, de toma de decisiones complicadas… Y puedes equivocarte, y sin saberlo y pensando que haces lo correcto, tomas la carretera que no era, te desvías de la ruta, te alejas del punto de destino.

Y como dije antes, mis estudios y mi carrera profesional me llevaron a años luz de distancia del universo vinícola. Pero saber desprenderse y esperar es una preciosa forma de amar. Me fui, me dejó marchar, me esperó, sabía que yo era suyo, que me estaba equivocando, que volvería… ya me había guiñado.

  • “Pero no me olvides nunca”. Por muy lejos que estés, siempre habrá algo que te recuerde a mi. Voy a estar ahí, dándote señales, casi sin que las percibas, pero ahí estaré, para que no me olvides del todo.

En comidas familiares o de empresa, regalos, viajes… Siempre algo tenía que ver con el vino. Sin tener conocimientos, sin alardes, simplemente estaba ahí, y sí, “me gustas”. Siempre me gustó el vino, siempre tuve la necesidad e intención de aprender y profundizar. Nunca nos separamos del todo, el amor eterno e incondicional es así.

  • “Sabía que era un error”. Durante años haces aquello que piensas que sabes hacer, aprendes una profesión, avanzas laboralmente, te haces un pequeño nombre en el mundillo al que te dedicas… Mentira, todo mentira. Si todo nace de un error, de un desvío, de una mala decisión… todo lo que crezca a partir de ahí es falso, irreal.

Y si te obstinas en continuar creciendo en esa mentira, mala salida tiene, ninguna. El fracaso, el error absoluto, la gran caída, la vuelta a la realidad. Otra vez a empezar desde cero, o peor. Muchos años después con la sensación de haber perdido el tiempo por tu propia estupidez, tras haber perdido todo lo que tenías (lo que creías que tenías) es como empezar muy por debajo de cero.

A no ser que un día abras los ojos y la veas… Te estaba esperando, te dejé marchar, te dejé equivocarte, pero eres mío… Toma mi mano, voy a acompañarte, despacio, pasaremos lo que haya que pasar, pero estamos juntos…

Una visita a bodega, un curso de sumiller, la lectura de un libro, otra bodega, una cata, un nuevo libro y otro cata… Así lo hizo, así me dio la mano y me ayudó a levantarme.

  • “Quiero que me ames”. Ahora soy yo; el vino, las bodegas, las viñas, las uvas, el proceso de elaboración, la magia… Ahora te dedicas a mí, solo a mí. Quiero que me ames.

Y siempre estuvo allí, desde el principio, aún sin ser consciente de ello, este mundo siempre estuvo allí. Yo no sabía que llegaría a dedicarme a esto, pero él sí, por eso me esperó. Una profesión que me llena absolutamente, me da plenitud, felicidad, que no deja de conquistarme, de darme aspiraciones, de querer conocerla al máximo…

  • “Te amo”. Como podría no hacerlo. Me ha mostrado un nuevo mundo, me ha devuelto al Enrique López ¿Te cuento un vino?camino correcto, me ha enseñado valores, me conquista cada día; con cada nuevo vino que pruebo, con cada bodega que visito, con cada conversación con viticultores y bodegueros… Crezco, crecemos juntos, nos cortejamos, nos seducimos, nos prendamos… Embelesado, enloquecido, fascinado, encantado; la magia del vino lo hizo, lo consiguió…

Así me enamoró el vino. Y así me devolvió la felicidad; sencilla, sin ostentación, ni ánimo de vanagloria, sin presuntuosidad ni jactancia. Sin condiciones, como el verdadero amor.

¿Te cuento un vino? no es más que mi pequeño homenaje de agradecimiento a este antiguo amor que he redescubierto. Es un GRACIAS, pensaba que no lo conseguiría, pero has aparecido y contigo todo es más fácil. Vamos a hacerlo juntos.

El vino humaniza. Humanicemos el vino.

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